(Imagen generada por IA)
Una reflexión de un jubilado que sigue creyendo que septiembre es un mes importante "docentemente" hablando.
Hace tiempo que ya dejé de dar formaciones, pero sigo teniendo la misma preocupación que entonces y a la que dedicaba los últimos minutos de esos cursos, jornadas o conferencias. Por supuesto, acababa siempre dando las gracias por la presencia y por haber compartido su tiempo asistiendo a esas ideas que acababa de exponer, pero unos minutos antes yo hablaba de algo que he vivido en primera persona.
¿Qué es eso que siempre intentaba transmitir a los compañeros y compañeras docentes? Pues algo que con el tiempo ya he conocido que tiene un nombre: “La indefensión aprendida”.
Este término fue creado por Martin Seligman en la década de 1960. No es ni más ni menos que la autocreación de un estado psicológico en el cual una persona se rinde cuando recibe repetidamente estímulos negativos. En este caso, y hablando de evaluación, serían los que cuando hacemos el feed-back siempre resaltamos los aspectos negativos, y si damos una calificación global de dicho trabajo resulta que siempre está suspenso.
Antes comentaba que yo lo he vivido en primera persona. ¿Te suena de algo la frase “este niño es que es de 4”? Pues… ese niño era yo. No me voy a remontar a tiempos prehistóricos para comentaros una anécdota, solo a los años en que quería complementar mi carrera de maestro con la licenciatura (Bueno, quizás también son prehistóricos). Tenía una asignatura que en principio me iba a gustar: Anglosajón. Se trataba de traducir del inglés antiguo al moderno. Llegaba la hora de los exámenes y ¿resultado? Efectivamente, un 4. Siguiente examen y mismo resultado. Trabajos que entregaba y me devolvían… lo mismo. Al final ¿qué ocurrió? Pues que dejé la licenciatura faltándome dos asignaturas: Anglosajón I y Anglosajón II. Perdí todo el interés. Pero eso no me ha pasado solo en esa segunda carrera, también me pasó en el cole y el instituto. Yo era un niño de cuatro.
Pero esto no pasa solo en el ámbito escolar, también pasa en nuestra vida social y familiar. Conozco un matrimonio donde uno de los cónyuges nunca hace nada perfecto (o lo que piensa la pareja que es perfecto). Eso le ha creado a esta persona la sensación de que, haga lo que haga, nunca tendrá la aprobación completa.
En fin, que me enrollo como si fuese un abuelo, así que vuelvo al tema.
Estábamos hablando de que esa “indefensión aprendida” se puede dar también en nuestros centros, con nuestro alumnado.
Cuando yo analizo la producción de un alumno o alumna (llamo producción desde una actividad a un trabajo, pasando por un examen) tendría que reseñar los aciertos y los errores que pudiera encontrar en la misma. Hago hincapié en lo de aciertos y errores, porque normalmente, y aquí entono el “mea culpa”, yo marcaba y reseñaba más los errores que otra cosa. A partir de ahí transmito mi opinión como evaluador y si hace falta, califico dicha producción. Recuerda que esa calificación NO debe responder a la producción en sí, sino a los criterios que se han incorporado a esa actividad y que son los referentes para ver cómo va progresando.
Pero volvamos al tema. Cuando yo siempre devuelvo ese feed-back con los mismos términos (ya sean de evaluación o de calificación) estoy creando ese estado psicológico que mencionaba al principio, y que empieza a fijarse en la mente del alumnado hasta que llega un momento en que el interés se desvanece y comienza a “pasar”.
Para que eso no ocurra, tenemos varios caminos que tendríamos que poner en práctica en nuestras clases: los principios DUA es un camino, y si los aplicas seguro que no tendrás alumnado “indefenso”. Pero seguro que hay veces que no te planteas aplicar esos principios porque no hay en tu clase “alumnos DUA”, como he escuchado decir en algunas ocasiones.
Pensemos por un momento que tú eres de esas personas y que lo que sueles hacer es el mismo examen para todo el mundo. Evidentemente tú calificas el examen y comunicas la nota. Seguro que te viene a la cabeza ese alumno o alumna que no pasa del 4 o del 6, (me da igual, porque el fenómeno no se da solo en los que suspenden) y que comenta: “yo… como siempre, un tres”.
Hay una forma fácil para contrarrestar la fijación del “como siempre, un tres”. Te doy dos opciones:
Opción 1: Hago diferentes exámenes adaptados para conseguir que TODOS tengan un 10 como calificación.
Opción 2: Hago un examen igual para todos, pero asegurándome que TODOS tengan un 10 como calificación.
Dos observaciones que quiero hacerte: La primera es que lo mismo que no se deben repetir las opciones que te he mencionado tampoco se deberían echar en el olvido y poner las bases para que ocurra la indefensión. La segunda es que si usas calificación y la compartes con el alumnado, debería siempre contar para esa nota final (teniendo en cuenta que siempre debe estar referido al criterio) que se tiene que dar.
Hasta aquí lo que puedo compartir de algo que me ha preocupado y sufrido.
Si has llegado hasta aquí, gracias por la lectura.

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